Le foto della mia laurea non sono già state.
Tampoco la foto dei saluti dei miei genitori.
Ni aquella imagen donde salimos los cuatro hijos apretados junto a un árbol de mango.
Nel luogo in cui tutto questo aveva una foto enorme di Mónica vestita da sposa, un'altra di Federico con il vestito, e un'altra donna Estela che sorrideva con un vestito azzurro elettrico che sembrava gridare dalla parete: "Aquí mando yo".
—Tu hermano ahorita sale —dijo doña Estela, dejándose caer en el sofá principal—. Anda cansado, pobrecito.
“Pobrecito”, pensò.
Pobrecitos los que lavaban, cargaban, sembraban y comían sobras.
Pedi ir al bagno, ma non ho avuto soldi da orinare. Quería ver. Quería conferma. Quería saber hasta donde llegaba el robo.
La camera principale era entreabierta. Era la memoria che avevo scelto per i miei genitori perché avevo bagno privato, migliore ventilazione e spazio per il cuscino ortopedico che compravo quando la spalla di mia madre mi aveva insegnato. Empujé la puerta unos centímetros y ahí estaba la verdad, tirada sobre la cama como ropa sucia.
Abiti di Monica incollati da tutte le parti.
Creme, profumi e maquillaje sobre el tocador.
Sandalias carísimas.
Una bata de seda.
La cama revuelta.
La stanza dei miei genitori è occupata dalla nuera e dalla consuegra.
Sentí náuseas.
Salí de ahí y caminé despacio hacia la parte trasera, dove antes guardábamos costales de maíz, herramientas viejas y frascos de conserva. La cortina del quaartito de servicio estaba corrida apenas. La apart con dos dedos.
No había cama.
No había mueble.
No había ventilador.
Solo una colchoneta delgada en el piso de cemento, dos almohadas vencidas y una cobija tan fina que daba tristeza.
Ahí estaban mis padres.
Mi madre sentada masajeándole los pies a mi padre.
Mi padre recargado en la pared, apretando la mandíbula para no quejarse.
—Aguanta otro poquito, Ernesto —susurró mi madre—. Si Federico puede, al rato le pedimos aunque sea para la pomada.
Mi padre cerró los ojos.
—No, Carmen. Luego se enoja Mónica con él… yo aguanto.
Me tapé la boca.
No, per sorpresa.
Per vergüenza.
Per la vergüenza di aver creduto in ciascuno “estamos bien, hija”.
Saqué il celular con la mano temblorosa e afferrato.
Grabé la colchoneta.
Grabé la cobija.
Grabé las cajas.
Prendi la voce quebrada dei miei genitori.