—Y vine a decirte perdón. No por quedar bien. Non per manipolare. Perdono di verità. Yo te vi chiquita para no sentirme cobarde. Dejé que ese hombre te humillara perché me daba miedo enfrentar que vivíamos de ti. Ora sì, lo sai che è un giorno di lavoro. Ya sé lo que cuesta el silencio.
La lasciamo terminare.
Quindi un passo hacia ella.
—Pasa. El café está recién hecho.
Entrata.
Se sentó en la mesa de roble. La cosa che ho recuperato. Le serví café de olla y un pedazo de pan de elote. Bebio in silenzio. Luego miró la cocina, las cazuelas, las libretas de pedidos.
—Huele como antes —dijo en voz baja.
—No —rispondi—. Huele mejor. Ahora huele a paz.
Se le llenaron los ojos de lágrimas.
A me anche, ma non lore.
Saqué quindi la caja fuerte pequeña del clóset, la puse sobre la mesa y le mostré los sobres con cada pago que me avevabía mandado. Tutti intatti. Tutti guardati. Luego le enseñé el rótulo: “Fondo para el futuro negocio de Lucía”.
Me miró como si no entendiera.