—¿Qué esto?
—Tu segundo comienzo —le dije—. No te voy a regalar nada. Ma sì, mi invertirò nella donna in cui ti stai convertendo. Cuando juntes disciplina, constancia y respeto por ti misma, ponemos un local. Pequeño. Tuyo. E lo lavori tu.
Lucia rompiò a llorar. Esta vez no de miedo né de disesperación. De algo más limpio. De eso que nace quando un cae al fondo y descubre que todavía tiene piernas para empujarse hacia arriba.
La abbracé.
No como antes, desde la culpa.
La abracé desde el límite. Dalla verità.
No supe más de Roberto salvo voci: trabajos temporales, deudas, una vida brincando de casa en casa. A volte la gente mi chiede se lo perdonerò. La verità è che non ce n'è abbastanza per spendere energia e perdonarlo. Ci sono persone che si rivolgono solo alla tua vita per mostrarti finché non devi tornare a doblarte.
Yo seguí adelante.