NO.
No estaba loca.
Estaba despierta.
Más tarde Lucía llamó. Contestato.
-Mamma? ¡Per Dio! ¿Dónde estás? Siamo disperati.
—Estoy bien, hija. Grazie per la domanda.
—Te llevaste todo. Niente fieno, luce. Niente internet. Roberto dice que...
—Passamelo.
Hubo forcejeo y luego apareció él.
—Escúchame bien, vieja loca —escupió—. Tienes una hora para devolver mis cosas o te juro que...
—Primero baja la voz —lo interrumpí—. Secondo, no son tus cosas, son mis cosas. Tengo facturas, escrituras y memoria. Y terzo, ya no eres bienvenido en mi propiedad.