—Lo que usted mande.
Miré la sala. Miré el comedor. Miré la cocina reluciente. Senti, per la prima volta in molto tempo, una pace feroz.
—Necessario il cammino più grande che tenga. E ne ho bisogno, ciao. Voy a vaciar un dipartimento.
—¿Hoy mismo?
—Ahora mismo. Digamo che c'è un problema di cattivi odori e urgentemente saniamo l'ambiente.
Serio.
—En cuarenta minutos estoy allí.
—Llévense todo lo que tenga etiqueta verde —dije.
Colgué, busqué la cinta adesiva y empecé a marcar mis cosas. Prácticamente tutto il dipartimento quedó salpicado de pequeños cuadros verdes. Al entrar al cuarto de Lucía y Roberto, metí i suoi profumi, trucchi e apparecchi in una borsa, ma pero me detuve. No. Yo no soy ladrona ni vándala. Saqué todo y lo dejé sobre la cama. Yo no iba a tocar lo suyo. Me iba a llevar lo mio. E il vero problema per loro era che, in quella casa, quasi tutto era mio.
Trabajé como hacía años no trabajaba. Descolgué cuadros, envolví porcelanas, vacié despensas, separé mi comida de la suya. Mentre scollegavo la televisione, registrai la volta in cui Roberto perse il lavoro e io riempii il frigorifero per sei mesi. Mentre sacaba mis sábanas del clóset, recordé las noches sin dormir para pagar la carrera de Lucía. Mentre ritiravo la vajilla fina, registrai la prima volta che mi chiamo "suegrita" con quella dolcezza falsa degli uomini che stai calcolando quanto puoi exprimir.